Alberto Zurrón: "Los trapos sucios pueden contarse de forma didáctica y divertida"

El abogado relata en "Sexo, libros y extravagancia" los secretos más recónditos de los grandes escritores de los siglos XVIII y XIX

Diego Medrano, Juan Méjica, Alberto Zurrón y José Ramón Chaves, ayer, en el Club. | Fernando Rodríguez

Diego Medrano, Juan Méjica, Alberto Zurrón y José Ramón Chaves, ayer, en el Club. | Fernando Rodríguez

María José Iglesias

María José Iglesias

"He hecho una hagiografía, pero al revés; he querido hilvanar muchas historias sacando los trapos sucios de las vidas de los grandes escritores, de forma divertida y didáctica". Alberto Zurrón (Gijón, 1968), abogado y escritor afincado en Oviedo, descubre en su nuevo libro detalles que desmitifican a personajes tan admirados como Lewis Carrol, autor de "Alicia en el país de las Maravillas", cuyo verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson, ministro protestante, matemático, fotógrafo, dibujante y excéntrico, que sintió un más que gran interés por las niñas que aún no habían cumplido los quince años.

Alberto Zurrón, durante la firma de ejemplares. | Fernando Rodríguez

Alberto Zurrón, durante la firma de ejemplares. | Fernando Rodríguez / M. J. Iglesias

Tenía 24 años cuando adoptó el seudónimo de Lewis Carroll y conoció a las tres niñas Liddell. La mediana, Alicia Pleasance, de tres años, inspiró el libro que se ha convertido en un clásico. Las andanzas de Carroll son sólo una mínima parte de todo lo que cuenta Zurrón en "Sexo, libros y extravagancias. Historia salvaje de los grandes escritores" (La Esfera de los Libros), donde tienen cabida desde Joyce a Juan Ramón Jiménez o Curzio Malaparte, nacido Kurt Erich Suckert, periodista, dramaturgo, escritor de relato corto, novelista y diplomático italiano que se inventó un apellido que significa literalmente "de mal lugar", un juego de palabras con Buonaparte, en referencia a Napoleón Bonaparte. "El escritor llegaba a los hoteles y por la noche abría las ventanas para ladrar y aullar. Los huéspedes bajaban a la recepción para quejarse del miedo que pasaban", contó Zurrón.

"He querido ser un espejo de esta gran época literaria también buscando originalidad en estos personajes de la literatura", señaló. Uno de esos ejemplos es la vida del escritor danés Hans Christian Andersen, al que se le conoce sobre todo por sus cuentos infantiles inspirados en leyendas nórdicas. Zurrón sugiere que algunas de estas historias no eran tan inocentes, ya que fueron censuradas cuando se editaron, y reflejan los conflictos internos del escritor. Aunque para historia la de la muerte y posterior sepelio de Robert Louis Stevenson, el autor de "La isla del tesoro", que descansa en el monte Vaea de Samoa. Stevenson se instaló en 1889 allí con su familia (su madre, viuda, y su esposa y los hijos de su primer matrimonio) en una mansión de Apia, capital de una de las dos islas más importantes del archipiélago polinesio. "El escritor perdió el conocimiento por un ictus, después de sentirse indispuesto y preguntar si tenía mal aspecto. A los tres días falleció, contó Alberto Zurrón. A lo largo de la exposición también salió a relucir Shakespeare, gran pasión literaria de Zurrón: "Quería tanto a su mujer que le dejo como único bien en su testamento una cama oxidada", señaló.

"De una persona brillante nos interesa todo, desde cómo pela una manzana a cómo toma el café", indicó el escritor Diego Medrano, que acompañó a Zurrón, junto al letrado y artista plástico Juan Méjica y el magistrado del TSJA José Ramón Chaves. "Alberto es un gran escritor, con un estilo barroco inconfundible; en este caso hace la crónica social propia de principios del siglo XX y nos hace desfilar por lo mejor de la literatura de los siglos XIX y XX. "A veces, la vida es más interesante que la propia obra y Alberto cuenta vidas con educación y elegancia", resaltó Méjica.

"En realidad estamos ante un ensayo novelado, que tiene como eje las historias", aseguró el juez Chaves, lector empedernido, que se estrenó en la lectura con los cuentos de "Las mil y una noches". "En eso coincido con Hemingway", desveló. "Hay muchas metáforas. Este libro tiene humor y poesía", remarcó.

El acto culminó con una sesión de firmas a cargo del autor, que publicó en 1988 su primer libro de poesía, titulado "Aria y fantasía", y que también tiene entre sus obras la "Historia insólita de la música clásica", dos volúmenes dedicados a su pasión por la música.